top of page
Buscar

La observación que transforma en el aula Montessori.


Cuando hablamos de educación personalizada, muchas veces pensamos únicamente en mirar al niño: sus intereses, su ritmo, sus necesidades, su manera única de relacionarse con el ambiente. Y sí, en Grandser Montessori esto es esencial. Pero hay un elemento igual de importante y, a menudo, olvidado: la observación interna de la guía.

En nuestros espacios, entendemos que acompañar a un niño implica más que saber de desarrollo infantil o preparar un ambiente adecuado. Implica, sobre todo, que la guía se mire a sí misma.¿Por qué? Porque su presencia, sus creencias, su estado emocional y sus propios juicios pueden convertirse —sin intención— en filtros que distorsionen lo que ve del niño.


La importancia de una observación limpia

En Montessori, observamos para comprender y para servir. Pero esa observación solo es útil cuando es lo más pura, objetiva y transparente posible.Si la mirada de la guía se llena de interpretaciones apresuradas, expectativas rígidas o creencias limitantes, corre el riesgo de leer al niño desde su propia historia interna y no desde quien el niño verdaderamente es.

Un comentario interno como:

  • “Este niño es muy distraído”,

  • “Ella debería hacer más esfuerzo”,

  • “Siempre hace lo mismo”,

parece inofensivo, pero puede convertirse en una etiqueta silenciosa que modifique la manera en que la guía acompaña, interviene o incluso ofrece materiales. Y lo que debía ser una observación para abrir posibilidades, se convierte sin querer en una barrera para el desarrollo.


Observar al niño… y observarse a sí misma

Por eso, en Grandser Montessori fomentamos una práctica constante: la guía se observa al mismo tiempo que observa al niño.

Esto le permite notar:

  • ¿Qué emoción me mueve esto que el niño hace?

  • ¿Estoy interpretando desde una creencia antigua o desde lo que veo realmente?

  • ¿Mi intervención surge de la prisa, del juicio o del apoyo genuino?

  • ¿Estoy respetando el proceso del niño o intentando acomodarlo al mío?

Cuando la guía reconoce su diálogo interno, obtiene una oportunidad invaluable para transformarlo. Y solo entonces puede ofrecer al niño una presencia más honesta, abierta y disponible.


Una mirada que abre espacio, no que lo cierra

Cuando la observación es limpia, sucede algo hermoso:el niño se siente visto sin juicios, acompañado sin presión y reconocido sin condiciones.

Una guía que observa con conciencia:

  • evita concluir demasiado rápido,

  • evita intervenir cuando no es necesario,

  • evita moldear al niño según sus propias ideas,

  • y, sobre todo, abre un espacio real de colaboración, autonomía y aprendizaje.

Al contrario, una observación teñida por la prisa o las creencias puede interrumpir momentos valiosos de descubrimiento, concentración o resolución autónoma. Pequeños detalles como corregir de más, dirigir constantemente o anticipar todo por el niño pueden frenar el desarrollo de habilidades esenciales que solo florecen con libertad y confianza.


Una práctica que nos transforma a todos

En Grandser Montessori, la educación personalizada no es un método: es una relación.Y esa relación mejora cuando cada guía se da el regalo de conocerse, de mirarse y de revisar su interior con la misma delicadeza con la que mira al niño.

La observación consciente no solo ayuda a que el niño despliegue su potencial.También transforma a quien acompaña.Hace que la guía crezca, madure emocionalmente y desarrolle una presencia más coherente, más humana y más amorosa.

Porque, al final, educar no es formar al niño:es formar la mirada con la que lo vemos.

 
 
 

Comentarios


bottom of page